Azul la cordillera, de María Cristina Ramos

Azul la cordillera, de María Cristina Ramos

       (*)  Por Mg. Zulma Prina

 

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 María Cristina Ramos es una de nuestras autoras más destacadas dentro del campo de la Literatura infantil y juvenil.Vive en Neuquén. Es profesora de Literatura y capacitadora docente. Tiene más de  más de 40 obras de literatura infantil y juvenil publicadas: Azul la cordillera, Ruedamares, pirata de la mar bravía, Papelitos, Mientras duermen las piedras, Gato que duerme, Las sombras del gato, ¿Dónde está?, Pétalo de nube son algunos de sus títulos. Aproximación a la narrativa y a la poesía para niños, libro teórico destinado a docentes y mediadores de lectura, donde se enfatiza la enseñanza de poesía en la escuela primaria. En 2012 Fue finalista del Premio Fundalectura-Norma en 1997 y del 3º Premio Internacional Anaya. En 2002 la Fundación El libro le concedió el Premio Pregonero al Especialista por su tarea de promoción de la literatura infantil. Ha publicado también en Colombia, Perú, Chile, Méjico y España. Aparecieron seis libros nuevos de su autoría, entre ellos Desde 2002 dirige la Editorial Ruedamares. En 2014 ha sido nominada por ALIJA (sección de IBBY internacional) como candidata por su trayectoria al Premio Hans Christian Andersen.

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Ramos, María Cristina; Azul la cordillera –  ilustraciones de Mónica Weiss. Buenos Aires, Grupo Editorial Norma, 1º ed., 2006. 88 p. ; 20 x 11,6 cm. – Torre de Papel. ISBN 978-545-364-7 1. Literatura infantil y juvenil argentina.

 

Resumen

Azul la cordillera está conformado por catorce cuentos. Todos ellos relatan historias  familiares, del grupo  de la comunidad mapuche y de historias relacionadas con la escuela albergue, característica escuela rural. Están atravesados por los afectos familiares, por las personas que están vinculadas a la comunidad y, por sobre todas las cosas, el apego a la casa, al hogar, único elemento de pertenencia profundo. La casa es “la minina que se quedó empollando”. Es el refugio, la protección. Pero se extraña cuando uno se aleja y quiere pronto volver.

Los relatos especialmente  “El albergue” y “Adolfo” dan muestras de la necesidad de volver, tal vez porque la tierra, el hábitat siempre está en peligro de ser arrebatado. Surge la simbología de la tierra. Ese apego y esa tristeza por el hogar lejano es la tristeza y la inseguridad, el miedo a no encontrar la casa, esa madre con sus hijos bajo las alas.

Los cuatro elementos esenciales, agua, fuego, tierra y aire están presentes en la poética de Ramos.

 

 

Palabras clave:

 

Casa; familia; escuela-albergue; cordillera; colores; recuerdos.

 

 

Los cuentos

 

En el primer cuento, “El albergue”, uno de los hijos se va con su padre a la escuela-albergue. Hay que estudiar, la escuela forma parte de la familia, es necesaria. El protagonista relator, cuenta con detalles la partida. Es de noche y hay mucho camino por hacer. En cada palabra, en cada giro, observamos la ternura, el amor en cada acto por parte de la familia. La madre le da “una bolsita con tortas”. Un acto de amor, tal vez sin palabras ni adioses. Pero el niño recibe ese tesoro que es un abrazo, con la sencillez del niño o del hombre de campo, en este caso y de la cordillera. Él “sentía el olor del azúcar quemada”. Ese “sentía” lo acompaña en el camino. Lleva consigo el olor del hogar. La casa se veía de lejos; el niño la sigue con su mirada Cada vez más “chiquitita, y parecía dormida”.

En este andar aparecen todos los miembros de la familia, los padres, los hermanos, los perros, la gallina (la minina), el caballo. Luego, la noche tranquila, sin viento. Él deseaba que durara la noche y la cordillera. Todo el paisaje amado, del que no se quería alejar. Si la noche dura, es porque todo queda allí.

En un descanso, el padre le dice que espera que pase el año pronto. El protagonista se lamenta de que se acabe la noche; señal del alejamiento, de los afectos familiares. Ramos, más allá de la tristeza por la separación, expresa también la realidad de las familias pobres, que necesitan el brazo de sus hijos para trabajar. Escuela y trabajo son dos actividades indispensables para la familia.

En la despedida vuelve a sentirse la tristeza, las ganas de que no sea cierto este momento. Vuelve a recordar su hogar, otra vez el olfato. Dice:

“Cuando mi papá me dio su abrazo, yo sentí el olor de mi casa.”

Al entrar a la escuela, lo primero que percibe es el olor a mate cocido. Ya reconoce un olor familiar, tal vez recuerdo de du casa. Allí encuentra un buen recibimiento y mucho cariño. Felipa le entrega un jarro con dibujos azules. El azul tiene también la significación del lugar, de su lugar, el hábitat. Azul es la cordillera, lo reconocible, lo amado, la tierra. Pero esa tierra está unida al agua y al aire: es azul.

Benito no puede dormir esa noche. La maestra Claudia va a conversar con él. Y Benito se siente bien. Nuevamente esa idea de la noche, de la oscuridad aparece, primero en el camino con su padre; ahora con la maestra:

“Cuando uno conversa en la oscuridad se va sacando las preocupaciones.”

La maestra da muestras de amor, y él le muestra una “matra”, una manta de lana gruesa que le tejió su abuela. Aparece allí su recuerdo familiar, el amor de su abuela. Él lleva esa manta como si llevara consigo a su propia abuela. Dice:

“Siempre la tengo sobre mi cama. Conmigo nomás.”

No importa si hace calor o frío, él tiene así a su abuela. Los objetos son el signo del amor, del calor, del acompañamiento. En el vacío, en lo no dicho, aflora la soledad, el alejamiento de lo cotidiano, de los seres y del refugio que significa la casa. Por eso ese aferrarse al tacto, a los olores y sabores conocidos.

 

“Adolfo” está muy triste y llora en silencio. El llanto es la lluvia; a Adolfo le sale la lluvia por los ojos. La lluvia es el símbolo de la tristeza. Es “un llanto calladito”

“Era una lágrima de escuela que había corrido ya muchas veces caminos parecidos.”

También en la lluvia (llanto) está presente el agua, aquello que corre y se va, como los ríos, quieta como los lagos, bravía como el mar. En los títulos aparece el agua como: Belisario y los espejos de agua;  De agua no es; Ruedamares  pirata de la mar bravía…

La escuela forma parte de la vida cotidiana, es una obligación. Allí hay amor, pero está lejos de la casa, de la familia.

Adolfo encuentra en cada situación una forma de volver a la casa: no tiene los colores, le falta el rojo, el verde para el campito, el celeste para el cielo, el amarillo. Los colores también sugieren  el fuego, la tierra, el agua y el aire. El amarillo será para el sol. Están representados todos los elementos de la naturaleza: tierra, agua, aire, fuego, y el sol, fundamental para la vida.

Juan, el hermano chico de Adolfo aparece y lo “ayuda a llorar un poquito”… Después del recreo los chicos desaparecen. Los maestros salen a buscarlos. El sauce los acaricia, la naturaleza los protege, ella es amor.

La tierra es la raíz, lo que sostiene, eso que no se puede dejar:

“Cuesta un poco caminar cuando uno está clavado en la tierra.”

Ramos trasmite en cada palabra, en cada voz, la tristeza del niño. Que le repite sin cesar a la maestra, cuándo viene su padre, cuánto falta. La imagen de los hermanos asidos de las manos, como fundiéndose uno al otro.

 

“Las visitas”: Así como Benito se envuelve a la “mantra” que le tejió su abuela, ahora es el recuerdo de la muñeca que hizo la abuela. Ha crecido y puede conversar, escucharla y saber la historia de la muñeca.

Cada detalle, cada descripción es una caricia, un rasgo de ternura. Dice:

 “En la mesita del patio miro a la abuela con su pelo blanco, hablarme, a la sombra del roble y con esa mirada que parece que chispeara.”

No será casual la presencia del roble, representación de la fortaleza. La abuela es un ser mágico, alegre, con la mirada “que parece que chispeara”.

Así conoce la historia de “las visitas” de los abuelos cuando los hijos eran chicos. Todos los años se repetía para la fiesta de San Juan. Una historia plena de ternura, alegría e imaginación que, en ese relato,  muestra formas de vida de la gente. Sencillez, afectividad, idea de familia, unidos por el amor.

 

Donatila: De nuevo el ámbito es la escuela. Alguien consigue la firma del gobierno para transformar la vieja escuela en museo. Pero a Donatila no le gusta esta escuela nueva: era más chica y estaba más guardada del viento.

La narración apunta a un permanente sentimiento de conservación de lo antiguo. Allí está la historia, los recuerdos, el asirse a la tierra y el lugar de pertenencia.  Donatila cuenta partes de la historia de los mapuches, la conquista del desierto,  cómo los “huincas” les quitaron las tierras y los mataban. Ella trae el relato de su abuela. Vemos cómo se mantiene la unión a través de la oralidad. Las abuelas son las encargadas de transmitir las costumbres, la historia: “La abuela mía supo contar.”

La narrativa de Donatila, muestra a  una generación de hombres que ya no existen. Fueron eliminados por el blanco. Las abuelas, las mujeres conservan la memoria. Y hay que desconfiar: “El otro cacique sabía decir que nos cuidemos, que hay que desconfiar.”

 

La tía Lucrecia: Aparece otro integrante de la familia. Los personajes se van sucediendo y siempre encontramos el amor por las personas allegadas y algún regalo que guarda su recuerdo.

La tía Lucrecia también hablaba con su hermana, la madre del narrador. Los relatos de infancia, los juegos, la comunión con la naturaleza. Los árboles, los pájaros, los animalitos eran sus compañeros.  El narrador relata la enfermedad de esa tía joven y linda. Ellos jugaban a que eran la tía y la enfermera; la alfalfa, las varillas y todo lo que podían encontrar  en la naturaleza eran sus elementos de juego. Pero la tía muere y el narrador no se quiere enterar, porque: “Ahora pienso que mucho no lo creímos (…) pero lo que se llama morirse, y lejos, era algo muy raro para la Nati y para mí.” Ambos, luego de una semana, la ven venir a la casa:

“Tenía el vestido floreado, flotaba su pelo suelto y nos saludó de lejos con la mano y la sonrisa.”

Manchado, el perro, también ladraba.

Es común en la gente de campo de casi todas las provincias, que alguien relate una situación semejante. Se dice que la persona muerta viene a despedirse de sus seres queridos. En cada historia, Ramos entreteje estas costumbres tan aferradas a su tradición, al sentir profundo de la comunidad.

 

Carmen:  Carmen, una mujer de la comunidad que trabaja en una casa como empleada. Tras su monólogo podemos observar la humildad, la costumbre de llevar esa vida asumiéndola como algo natural. La pobreza forma parte de su vida, así como la de todos los campesinos.

Están presentes los proyectos para su humilde hogar:

Lo más lindo de todo, los azulejos. Le digo a Manuel que tenemos que comprar para pegar en la cocina. Dos hileritas ni que sea. Para trapear y que quede brillando de limpio.”

La protagonista habla consigo misma, piensa en su casa, su marido, el bebé que ya ¡estará berreando”. Le duelen los brazos, Que no se le “corte la leche”. Se queja porque el cansancio de subir y bajar. Parece que eso le aumenta la leche. Hace cuentas para cuando cobre, tiene que comprar las zapatillas para los niños y se encomienda a Dios para que se pueda vender este año la lana. Mezcla sus preocupaciones con la mirada protectora hacia la casa de su patrona, los cambios, las plantas, los pájaros, el  jardín. Cada tanto murmura que terminará eso “y me estoy yendo.” Pero la llama la señora y sigue atendiendo. Siempre un poco más.

En medio del monólogo aparece la escuela, lugar de fuerte sentido de pertenencia. Sus aspiraciones están en los frutos de la tierra, en lo que ella puede brindar para la vida cotidiana. Sus aspiraciones no van más allá de esas dos hileritas de azulejos, para que brillen de limpios, su familia y la escuela.

 

Los distintos planos de la obra

El libro, aunque no está dividido, podemos observar distintos planos. Porque relata por un lado historias familiares.  Luego se van sucediendo los relatos donde aparecen personajes de la comunidad, ligados a la escuela. Felipa, el maestro, Carmen, Margarita;  siempre el contacto con la escuela y la cordillera, que “de lejos era azul”.

familia y escuela están estrechamente ligadas. No se concibe una sin la otra. Se nota un forcejeo entre dos cariños pero no se las puede imaginar separadas. La escuela es el lugar obligado porque es necesario estudiar. El problema es la distancia, ya que los chicos tienen que permanecer en ella toda la semana. Entonces se extraña la casa, la familia y aparece la tristeza por la ausencia de los seres y las cosas cotidianas. Igualmente allí encuentran el amor de los maestros y de todos quienes trabajan en ella. Hay un sentido de pertenencia, un estar y permanecer en la comunidad.

Por otro lado, se mezclan algunas situaciones de la gente del pueblo, los vecinos. Recuerdos que nos muestran costumbres y tradiciones de la vida mapuche. Tal vez este entretejido es el motivo por el cual la autora no ha separado las diversas historias. Al leerlas, a veces con protagonistas narradores sin nombre, hace que el lector no pueda distinguir si ese narrador forma parte de esta o aquella familia. Este entremezclado entre las distintas familias, los personajes integrantes de la escuela, las situaciones por las que atraviesan algunos vecinos y el paisaje, enmarcado en la eterna cordillera,  es el símbolo que une los cuatro elementos: agua, tierra, fuego y aire. Es la conjunción de la comunidad, de lo ancestral. Es la lucha por mantener la identidad y recuperar la tierra violada, arrancada. Por rescatar la memoria de quienes regaron esa tierra con su sangre.

 

El estilo

Ramos recurre a las imágenes que llegan al alma, a la sensibilidad. Toda su poética está poblada de imágenes sensoriales. Los afectos, el amor, la ternura, son los elementos fundantes del discurso. Pinta con sencillez, con el lenguaje de la gente del lugar, sus preocupaciones, sus necesidades, su humildad y pobreza vivida tan natural.

Toda la obra está atravesada por la simbología de la tierra. El paisaje, la cordillera es su lugar, la naturaleza se muestra a través de las descripciones, de las imágenes sensoriales, de las emociones.

La actitud de los personajes que describe la autora, hace sentir la magnitud del silencio tan propio de la gente de ese lugar del sur.  Un silencio producto de una historia de luchas por mantener sus raíces, por mantenerse pegados a la madre tierra, al paisaje azul de sus lagos, de su cordillera, del aire que respiran cada mañana, cada noche.

 

(*)Zulma Prina

Profesora en Letras, U.B.A. Maestría en Análisis del discurso y  Maestría en Literatura para niños y jóvenes; Estudios de investigación en Literatura.  Dicta Oratoria y Lectura comprensiva en U. de Morón; cursos y talleres de Literatura a distancia para docentes en CEPROLEC, U. de la Patagonia. Talleres y charlas en la Feria Internacional del libro de B.s As. Tiene 19 libros publicados.  Integra la C. D. de la AALIJ y la Federación arte y cultura de la R. Argentina (FACRA) Coordina el programa cultural  “Una mirada en el tiempo” en AM 1010 Onda Latina.

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